Bajo el cielo del glaciar hay un a figura antigua aquietada entre dos pasos. Toneladas de frío lograron aplacar su afán viajero y su hambre de cordilleras y hasta su rostro quedó convencido y pleno con la sonrisa del estoico. La cristalización alcanzó hasta lo más hondo, y es aquí donde se da la paradoja: que ene le centro de su mente un pensamiento breve quedó paralizado (“lejos ..más lejos..”) y su terca persistencia hoy empuja al glaciar ladera abajo.

Diego Chozas

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