“Galería de Hiperbreves”

El Libro “Galería de Hiperbreves”
Edición Círculo Cultural Faroni

El Círculo Cultural Faroni nació en 1992 a partir del entusiasmo de un grupo de amigos apasionados de la literatura y que adoptaron el nombre del personaje (a su vez inventado por otro personaje) de la novela Juegos de la edad tardía de Luis Landero. Ejercen como agitadores culturales desde las tertulias o, ahora, desde el espacio virtual con una excelente página web literaria.* Para esta segunda selección de relatos hiperbreveshan considerado más de mil quinientos textos de la procedencia más diversa.

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Vuelven los relatos hiperbreves. De hecho nunca se fueron, tal vez porque el tiempo y el nuevo milenio parecen jugar a su favor y el género de los microrrelatos ha conocido un auge espectacular, que ya presagió el éxito del volumen Quince líneas (Andanzas 288) en 1996. Y no dudamos de que elPremio Internacional de Relato Hiperbreve promovido por el Círculo Cultural Faroni tiene buena parte de responsabilidad en el renacer y la promoción del género. Con motivo precisamente de su décimo aniversario el día 28 de diciembre, presentamos esta segunda recopilación con los textos ganadores y finalistas de las últimas cinco convocatorias (1996-2000).

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En estos setenta relatos mínimos, que no sobrepasan las quince líneas, se parte del ingenio de una situación o un motivo, que pueden ser conocidos pero de los que se ofrece una lectura inédita, y se llega, a veces, a pequeñas novelas en cápsulas, o en ciernes, con todas las posibilidades interpretativas. El lector descubrirá que en todos ellos predomina el arte de decir más con menos, el de intuir con un motivo, un episodio único, otra lectura del mundo. Esta Galería de hiperbreves es también una galería de tonos que indican diferentes acercamientos, herederos directos de los géneros orales tradicionales: adivinanzas, fábulas, apólogos…, o descendientes de formas de larga tradición literaria: greguerías, poemas en prosa, historias que reescriben o continúan otras ya conocidas. Pero todos ponen convenientemente en solfa esa tradición o proporcionan un esperado efecto sorpresa, brillante e insólito, que, como comprobará el lector, se duplica en la distancia corta.

“Bienvenido al Circo Hiperbreve” por Clara Obligado para el diario Clarín de Argentina

circofaroni

LIBROS
“Bienvenidos al circo Faroni”

Personaje de L. Landero, Faroni inspiró un club de timadores poéticos. Aquí, su historia e impostura.


CLARA OBLIGADO.
HIPERBREVES
GALERIA DE HIPERBREVES
del Círculo Cultural Faroni
Tusquets.
142 páginas. $ 19

Activistas del relato mínimo, los integrantes del Círculo parodian las instituciones literarias.

Pasen y vean, señores. Miren cómo el ilusionismo literario llena la sala, cómo nada es lo que parece. Sólo unos minutos, la lectura del breve texto, y el milagro poético latirá ante sus ojos. Y no cuesta nada, señoras y señoras: es gratis”. Así podría rezar un cartel que anunciara las actividades del Círculo Cultural Faroni, una agrupación literaria que debe su nombre al ya mítico personaje de Juegos de la edad tardía, del escritor español Luis Landero.

Y leemos: “Si evaporada el agua el nadador todavía se sostiene, no cabe duda: es un ángel” (Prueba de vuelo. Eugenio Mandrini) . Salto o asalto poético, este hiprebreve es uno de los sesenta relatos mínimos que contieneGalería de hiperbreves, la segunda selección de ficciones de no más de quince líneas reunida por el Círculo. Cumplen diez años. Dice la leyenda que la agrupación nació en un café de El Escorial o en la trastienda de una pajarería de Madrid.

Este origen incierto, volátil y asambleario es parte del perfil del grupo. El impulso que los llevó a reunirse es difícil de definir, o al menos no lo verbalizan ni en el interrogatorio más insistente. Podría aventurarse la hipótesis de que son hijos del llamado “desencanto”, esa pérdida de la ilusión política que minó los sueños de muchos progresistas españoles llevándolos a rechazar definitivamente los partidos políticos como herramienta para cambiar la realidad. Otras utopías ocuparon el deseo flotante, y acaso Faroni represente una de las caras de esta hidra pacífica.

“Faroni es un personaje de ficción creado por los protagonistas, no menos ficticios, de Juegos de la edad tardía. Lo crean sobre el modelo de sus antiguos sueños, de las ilusiones ya perdidas y hasta traicionadas: dos tipos romos y otoñales que primero inventan y luego usurpan la identidad del héroe que ellos, en la bullanga de la juventud, aspiraron a ser (…) Y de pronto se les ofrece la ocasión de actualizar sus ya casi olvidados afanes y de recuperarlos tardíamente a través de la ilusión y de la impostura. Y esa invención, ese sueño, se llama Faroni”. Son palabras de Luis Landero, que se convierte con su primera novela en un escritor de culto al tiempo que crea un personaje emblemático: la proyección de nuestras vidas frustradas, el invento que erigimos sobre nosotros mismos, el sueño que triunfa sobre la opaca realidad, el afán de la plenitud imposible, la memoria del paraíso.

Como el personaje de ficción, los componentes del Círculo Cultural Faroni son, qué duda cabe, una agrupación de timadores poéticos, impostores que no aceptan el chapoteo en el barro que impone el día a día y lo reemplazan por algo mejor, por su metáfora. En otros tiempos hubieran sido un corrosivo grupo Dadá, pero la bonanza europea no está para crispaciones y Faroni despliega un humor relajado que, a fuerza de existir, se hace crítico: muy a la española. Todos los integrantes del Círculo tienen una doble vida, un apócrifo. Como el dios Jano, exhiben ese doble semblante en el que la seriedad no es más que la máscara de lo que realmente quieren ser. En su rostro formal son guionistas, funcionarios internacionales, abogados, traductores; en su vida ensoñada, trompetistas frustrados, toreros que nadie conoce, entrenadores de boxeo. Son lo que son y, como Faroni, lo que pudieron ser.

La sobria personalidad de Landero debió de sentirse muy inquieta cuando este grupo de jóvenes desconocidos le propuso convertirse en la representación de su personaje, en una especie de club de fans inédito en el mundo de las letras. Lo cierto es que los aceptó, tal vez con la ilusión de que decayera su entusiasmo. No fue así. Creada la asociación de fans, el grupo comenzó a pergeñar una tarea más razonable que perseguir al ídolo. Y dio con ella en un terreno sorprendente: el de la hiperbrevedad. Porque el ídolo era un gran escritor, pero no precisamente de brevedades. Hubo entonces un manifiesto contra la uniformidad en el pensamiento, y con el grito de guerra de “Haceos impostores de las ideas, ¡viva Faroni!” convocaron su primer premio de relatos de no más de quince líneas que, por cierto, ganó un argentino: Edmundo Kulino.

Tuvo el premio incluso más ceros que el dorado Planeta, pero en monedas devaluadas del Zaire, en marcos de la desaparecida república de Weimar. Y aunque el vidrio que cubría el billete tenía más valor que el billete mismo, no decaía el entusiasmo: el 28 de diciembre, día de los inocentes, el premiado se prestaba a esta pequeña ironía sobre los grandes galardones. Entre veras y burlas, se creaba un premio internacional de relatos mínimos que va ya por su décima convocatoria y cuyo prestigio crece. La transparencia con la que actúa el jurado y la posibilidad de publicar que se ofrece a autores nóveles son parte del atractivo.

Hiperbrevedades. Si bien el grupo español bautiza estos textos como “hiperbreves”, los relatos mínimos, microrrelatos, ficciones súbitas o hasta textículos, tienen tradición en América Latina. Allí está Monterroso, Meca de las brevedades. Hay en Argentina espléndidos creadores, como Borges, Cortázar, Denevi, y los actuales Ana Shúa, Raúl Brasca o Luisa Valenzuela, entre otros. No siempre se valora el difícil despojo de su génesis. Confundir extensión con peso, seriedad con calidad literaria, son tópicos que aparecen en las críticas que reciben. Pero el género, vigoroso y desvergonzado, se adapta como un guante a nuestros tiempos: es un manifiesto contra la información vacua, el minuto de silencio indispensable para pensar. Y también el viaje a la semilla, la propuesta de decirlo todo omitiéndolo todo. Y si no se lo publican, no importa: puede usted pintarlo en la pared. En la carpa de Faroni se exhibe el cada vez más difícil arte de la literatura, su salto sin red: “Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño”, (“El globo”, Miguel Sainz lvarez). Un texto teórico de línea y media que subraya que la literatura —y la vida— son un problema de perspectiva

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